viernes, 16 de marzo de 2012

Y ahora me designo… ¡CEO!

Cuando el creador de un producto o servicio comienza su propia empresa, muchas veces adopta el rol de Director Ejecutivo sin tener experiencia en gestión. Si tiene un amplio conocimiento técnico pero carece de habilidades gerenciales, está poniendo en peligro el futuro de su compañía.

Hace un tiempo tuve la oportunidad de conocer al nuevo Gerente General de uno de mis clientes más importantes. Una persona muy cálida y amable, de casi 40 años, que había hecho carrera en la compañía desde que salió del colegio secundario. Quedé realmente impactado por sus ideas y la claridad de su estrategia, pero más me sorprendió su energía y el entusiasmo que generaba en los que lo rodeaban.

Poco después, le conté esta experiencia a un amigo de la infancia, pero éste se mostraba algo escéptico. Como noté que pasaba algo raro, con la confianza que dan los años, fui directo al punto:

- ¿Qué te pasa?

- No por ser jóvenes los CEOs son de mente abierta, carismáticos y motivadores. En mi experiencia, todo lo contrario.

- ¿Por qué? ¿Qué pasó?

- En mi trabajo, el CEO nació siendo jefe y siempre estuvo "del otro lado del mostrador". No hizo carrera, pasó de ser desarrollador a CEO sin escalas.

Mi amigo, Responsable de Proyectos en una compañía de desarrollo de aplicaciones sociales que ya había atravesado (y ganado) varias rondas de inversión, estaba experimentando algo muy distinto a lo que yo había podido ver.

El CEO de su compañía, un joven de menos de 30 años, había fundado su empresa en base a los productos que él mismo desarrollaba. Con el tiempo había sumado empleados para poder atacar la demanda creciente: primero 10, luego 20 y hasta 100. En medio de ese vertiginoso crecimiento, él seguía dedicándole la mayor parte de su tiempo a lo que le apasionaba: desarrollar software.

Desde ese momento comencé a prestarle atención a los start ups de tecnología y noté que en muchos había un factor común: los fundadores eran excelentes desarrolladores de software con buenas ideas, pero no tenían experiencia laboral previa.

¿Pero no está la historia llena de casos como éstos que terminaron siendo grandes éxitos? ¿Google no fue fundada por dos desarrolladores que nunca en su vida habían trabajado? ¿Facebook no fue idea y ejecución de un estudiante de Harvard que no llegó a terminar sus estudios? ¿Acaso el co-fundador de Apple no carecía de experiencia (o habilidades tecnológicas) al momento de crear una de las compañías más valiosas de la industria?

Las respuestas a estas preguntas tienen dos cosas en común:

1. Que pueden contestarse con un “sí”.

2. Y que todos ellos supieron rodearse de las personas que los complementaban y cubrían sus falencias y desconocimientos.

Como en el caso de mi amigo, una compañía liderada por un CEO sin experiencia puede ser peligrosa. Podría perder a sus colaboradores en poco tiempo, y además acarrea un problema a largo plazo: la compañía en su totalidad podría sucumbir por falta de pericia a la hora de negociar con clientes, de convencer inversionistas, o en muchas otras situaciones que le son ajenas a quien no las ha vivido antes. Entonces, el capitán del barco se convierte en un ancla que no permite que la organización avance (incluso la hace retroceder o hundirse).

Esta situación ya no es tan lejana ni inesperada, ¡podría estar pasando ahora mismo! Pero a no desesperar: es ahí donde sumar ejecutivos con experiencia puede funcionar como tanque de oxígeno, permitiendo equilibrar la organización, generando el espacio para que cada uno se concentre en lo que es bueno (desarrollo de productos, aplicaciones, etc.) y delegando en los nuevos integrantes otras responsabilidades. Pero cuidado: sumamos colaboradores para que nos acompañen en el viaje y para aprender (y aprehender) aquello que hoy desconocemos, con el objetivo de convertirnos en esos CEO completos que nuestra empresa necesita.

*Por Rodrigo Nasif Salum - Autor y blogger, especialista en management, liderazgo y tecnología. Business Developer Executive & IT Manager en Telstar Group.

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